El árbol de la vida resultó no ser una película sencilla de digerir, por esa misma razón advierto que esta entrada va a tener mucho de subjetiva en el sentido de que la interpretación puede no tener que ver con la intención primera de Malick, aunque en gran medida de eso se trata también el cine, de la reconfiguración de nuevos significados a través del ojo (mente) de quién mira. Por ese lado no estoy de acuerdo entonces con las afirmaciones que he leído en algunos sitios de que la película no considera al espectador sino que solamente es un acto creativo libre, que Malick mostró lo que quería mostrar sin pensar en quien miraba.
El hilo conductor de El árbol de la vida está construido sobre una base aparentemente simple: la familia, los lazos, el crecer. Sin embargo ¿qué historia es verdaderamente simple, incluso dentro de la cotidianeidad? Ninguna; la nuestra, por ejemplo, también está circunscrita ante la idea de un árbol de la vida. Cualquier desarrollo existencial tiene la capacidad de convertirse en metáfora, de explicarse a través de una imagen universal. Crecer, sentir, aprehender las cosas del entorno, querer a los padres, confiar en el hermano; todo esto se vuelve posibilidad de analogía con el big bang, con las estrellas, células y organismos que en sus colores, formas y movimientos, en su concepción y desarrollo no dejan de remitirnos a nuestra vida, a nuestro desenvolvimiento, a lo que bulle cuando ocurre el nacimiento de cada uno.
Es esa una posible explicación de las metáforas visuales que componen y forman todas estas imágenes cósmicas, que llegan hasta esos dinosaurios que si bien a muchos les parecen una tomada de pelo (de hecho es aquí cuando muchos salen de la sala y es comprensible hasta cierto punto) siguen siendo un paso consustancial, una muestra de los poderes de la creación y la evolución natural, siguen siendo metáfora, esta vez de actos inherentes a la naturaleza humana. Esa escena en particular del depredador que deshecha a la presa que encuentra indefensa y moribunda a orillas del río puede ser entendida como un acto compasivo, pero también como un natural instinto de supervivencia (el depredador no se lo come porque nota/sabe que la presa está enferma) o como un reconocimiento del otro en un acto que forma parte de la condición salvaje y animal que de cualquier forma también se traduce en el ser humano.
Por otro lado, tenemos la playa; los recuerdos, la pérdida, el mismo paso del tiempo desde una perspectiva nostálgica y aunque la escena puede resultar innecesariamente larga, es en el espacio de la playa lo que funciona como contraposición al entorno donde Jack adulto (Sean Penn) se mueve en su día a día, en su rutina: edificios monstruosos, estructuras de acero verticales y frías que no tienen nada que ver con las sorpresas aleatorias de la naturaleza. La playa entonces es el lugar donde empieza y termina la línea del tiempo, un epílogo.
Fuera de todo esto, las actuaciones son muy sólidas. Brad Pitt sigue demostrando que no se le puede poner –o más bien que no es necesario- la etiqueta de “comercial” a su trabajo como actor. Jessi Chastain es un agradable descubrimiento interpretando a una madre que en incontables ocasiones es también la niña que era al principio. Pero es Hunter McCracken en su papel como niño Jack quien me parece lo más resaltable de la película en cuestión actoral pues logra transmitir en pantalla las tribulaciones de la infancia; la relación infantil con los hermanos y el sentimiento de complicidad y compenetración, la confusión ante la relación amor-odio con la figura paterna y también la curiosidad por develar secretos maternos. La reflexión natural ante los sucesos de la vida, vista primero a través de los ojos del niño y luego como una regresión del adulto.
Finalmente es obvio resaltar el trabajo de Emmanuel Lubezki, que no fue gratuitamente floreado en Cannes, su trabajo de verdad es impecable, mucha de la belleza poética de la narrativa se afianza debido a su labor.
Las preguntas se mantienen abiertas, las inevitables como ¿quién está a cargo de la creación? ¿quién plantó este árbol de la vida? Y en su correspondiente caso, ante la muerte ¿se puede confiar de verdad en que nuestros seres queridos perdidos llegan seguros a su lado?. La película resultó muy polémica, pero es la multiplicidad de opiniones lo que hace interesante el debate =p así que ¡comenten, carambas!.
Empecemos por el principio: el título. El árbol de la vida es un elemento que podríamos remontar hasta el origen prehispánico e incluso rastrearlo hasta la Cábala y en general como elemento de suma importancia en la mitología de todas las filosofías y religiones como origen de la vida, axis mundi, nexo entre lo divino y lo terreno, incluso en la mitología cristiana se le asocia con el árbol del conocimiento del que Eva tomó la manzana. En este caso, creo que la historia se refiere al origen no sólo de la vida de los protagonistas sino al origen de la familia y de la meta-familia que se nos presenta al espectador estableciendo un lazo de afección a través de la imagen de la violencia psicológica ejercida por la cabeza de familia, es decir el padre y la parte sensitiva y emocional por parte de la madre. Toca al espectador y lo envuelve en una serie de estímulos cinemáticos a través de las secuencias del universo y desconecta del mundo empírico conocido en la presentación de los dinosaurios, y al mismo tiempo envuelve en capas de pasado remoto al espectador, ofreciéndole el acceso a lo no conocido pero reconocido a través de la ciencia. La relación victimario-víctima entre los hermanos nos remite a una versión contemporánea de Caín y Abel, o de Huhnapú y Xbalanqué, donde el amor/odio fraterno es el móvil de la circunstancia. La recreación del "paraíso" o de la "vida después de la muerte" corresponde al deseo consciente e inconsciente del personaje de Sean Penn de saber que sus seres queridos forman parte no sólo de sus recuerdos y memoria sino de un Todo (y digo "todo" con mayúscula ya que nos remite a una elevación supraterrena del espíritu)en donde al final, ellos (los personajes de la película) y todos nosotros nos volveremos a encontrar, para renacer con el árbol perpetuo e imperecedero de la vida y la creación. Por cierto, me gustó mucho.
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